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viernes, 19 de agosto de 2011

EL KIOSCO DEL RIO.

En ocasiones me paro a pensar, ¿algún albañil, constructor, arquitecto o persona relacionada con la elaboración de un proyecto inmueble, se para a pensar en lo que el mismo, puede significar en tiempos venideros?, creo que no. Lo creo porque simplemente es imposible. Los sentimientos que nuestro interior retiene son insondables. Las personas cargan de energía los lugares, calles, casas  y parques. Los hacemos parte de nuestra vida, parte inseparable de la que jamás nos olvidamos. Cuando volvemos a ellos, un nudo de nostalgia nos atenaza el estómago y una tormenta de recuerdos e imágenes desfilan por nuestros ojos internos, que ven mejor que los externos. Este es el caso del Kiosco del Río, que no sé si es su nombre real, pero es así como se conocía. 
Hace unos meses, bueno, casi un año, propuse un plan a mis hijos. Acostumbrados a los parques urbanos, asfalto y pavimentos, les propuse ir a dar un paseo por el río, en las afueras de mi querida ciudad, pero aún dentro de ella. Inconscientemente, aparqué el coche donde 30 años atrás lo hacían mis padres. Y accedí al río y su paseo, por una rampa, mal construida y decrépita, casi improvisada, que oculta un paisaje impropio de una gran urbe. Una montaña de piedras, a modo de barrera, separa dos mundos cercanos y diferentes. La malla metálica que las envuelve,  hacían las veces de escalerilla para trepar a los 3 metros que tiene. Desde la parte superior del paso que salva la muralla empedrada, y a  modo de bienvenida, se encontraba "El kiosco del río". Su familiaridad te acogía en este paisaje campestre y un tanto místico. Los grandes sauces y álamos, contenían en su seno esta pequeña estructura que, en su frente, ofrecía las mesas a la gentes. Éstas, vestidas con su  madera contrachapada, alineadas y dejando el espacio justo, para que las familias estuviesen separadas pero juntas, compartiendo el paisaje improvisadamente ofrecido por la naturaleza. La humedad, se había encargado durante el invierno de abombar la madera. Pero eso en "el campo" no importa, y las familias cubrían con sus manteles de cuadros las posibles irregularidades. Un pequeño escenario, alzado entre oxidados hierros, daba la oportunidad de ser artistas flamencos, o pequeños actores, o músicos populares, frente a tan abierto público. El rincón del jubilado, que era así como yo lo llamaba, congregaba siempre una nutrida representación de reconfortados ancianos de ojos vidriosos y abiertos. Tiraban sus pequeños discos, hacía la abierta boca de las ranas de metal, que parecían sonreír al ver a estos expertos actores de la vida disfrutar del paraje y de sus juegos eternos.  Al fondo y a la izquierda, una jaula de reja, encerraba toda suerte de animales de granja. Este era el primer sitio que yo visitaba, incluso antes de pedir insistentemente la coca-cola a mis padres. Me quedaba embobado mirando los pavos, ocas, conejos, gallinas y demás animales vivos. A la derecha, del Kiosco y cerca de la orilla del río, un majestuoso parque de columpios, era el mayor de sus tesoros, ofrecido a los niños que fin de semana tras fin de semana, verano tras verano, llenaban "el kiosco". Este sitio ha sido una parte inseparable de mi infancia y hoy ya no está físicamente, auque en mi memoria y siempre que pase por allí, me acordaré de aquellas tardes de verano en el río, en “el Kiosco del río”.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Duerme bonita!

      Estás dormida bonita??, yo me acabo de despertar y he soñado contigo. Te he visto feliz, radiante. Tu cara había desterrado el sufrimiento a la nada. Estabas preciosa, perfecta, sonriente y curiosa. 

   Estás dormida mi amor??, te he visto nadando por los campos de verde hierba. Verde que complementaba el cielo de tus ojos del que se alimentaba el universo. Te he visto andando por el mar  pintado de azul limpio. Tu cuerpo impoluto y perfecto, se alzó a unos centímetros del misterio opaco de  aguas profundas. Comenzabas a volar tocando con los dedos de tus blancas manos el agua. El valle de agua te sonreía, y tú, mi vida, devolvías la sonrisa al cuadrado,  iluminando el mundo con tu felicidad. 

     Estás dormida mi vida??, te he visto sentada en la luna, en la luna de tus sueños, en la luna empequeñecida por tu belleza, acomodando tu cuerpo en su curva. Descansabas con la cara silenciosa y plácida. Llena, plena y contenta. Todo está bien cariño. 

       Estás dormida preciosa??, quiero dormir a tu lado pero no estamos en el mismo mundo, tú eres feliz. Y a mi me toca conseguir la felicidad. Cuando nos volvamos a ver, realizadas, seremos una y te contaré como busqué mi felicidad gracias a tus fantasías, a tus sueños, al amor y energía que me has dejado.

      Déjame mirarte de noche, déjame contemplarte sin que tú sufras al verme llorar. Quiero observarte en mis sueños en los que tú eres capaz de visitarme para tocarme de nuevo, para llevarme a la juventud, para llevarme a tus más escondidos deseos, para estar conmigo una vez más, para contarme que por fin eres feliz.

       Descansa mi amor, duerme y sueña con la mente pura e inocente. Nunca te olvidaré. Duerme bonita!


Dedicado a Svetlana, simplemente maravillosa.