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jueves, 10 de octubre de 2013

¿De dónde salen las letras?

No sé por qué no puedo escribir siempre. No lo entiendo. Me encanta escribir y disfruto leyendo y releyendo todas las ideas que en un determinado momento se me pasaron por la cabeza. Ahora mismo llevo más de dos años sin expresar mis pensamientos, sensaciones o sentimientos. Suele ser más fácil cuando me falta algo, cuando no estoy pleno. Lleno todas mis carencias soltando los dedos encima del teclado en un descompasado ritmo incoherente, pero a la vez lleno de sentido. ¿Quizá esto signifique que llevo dos años con una deslumbrante felicidad? puede ser. Pero también es cierto que debo acostumbrarme a practicar este sano ejercicio táctil.
Puede ser, simplemente que las letras salgan del corazón y cuando algo lo daña esa grieta sangra en oratoria hasta que la propia expresión cicatriza y sana. En estas ocasiones los textos son desgarradores o sentimentales. Letras enmudecedoras que curan tu desazón. Puede que en ocasiones salgan del propio cerebro, de una manera cabal y ordenada, enmudeciendo al corazón y permitiendo el orgullo de las cosas pensadas sin sorprender o enmarañar o alterar la cotidiana vida. Sin embargo,  puede que la mezcla perfecta sea la extraída de corazón y cerebro. Pero en resumen, da igual de donde salgan las letras. Lo importante es que sirvan para algo.