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domingo, 22 de mayo de 2011

EL PARAÍSO EN LA OTRA ESQUINA

Y que me perdone Mario por plagiar el título, pero era el que más se adecuaba.
       Doblo la esquina, casas de madera cual naipe colocado en un castillo, en puro equilibrio estable, sucias, dispares, heterogéneas Miscelánea de viviendas con vestigios de negocios donde ganarse la vida. 
         Doblo la esquina, jardines cuidadosamente adornados con flores y plantas propias de un clima agradecido con la vegetación. Casetas engalanadas con decoraciones conjuntadas con su procedencia. Lujosos ajuares, orquestados para agradar a sus selectos espectadores.
     Doblo la esquina, oscuridad detrás de la oscuridad, Solitarias luces colocadas ingeniosamente para maximizar su función. Cientos y cientos de personas amontonadas, pero en su submundo particular. Miradas perdidas y ausentes, pensando en sus próximos 10 minutos de vida sobrevivida. Oscuridad detrás de la oscuridad. 
         Doblo la esquina, miles de luces adornan el gran jardín con sus particulares y adinerados asistentes. Luz en la noche, que amanece la algarabía ornamental, eternizando el día. Risas y presentaciones, miradas curiosas, susurros y comentarios sobre unos y otros, apariencia y más apariencia. 
        Doblo la esquina, olor a suciedad y miseria. Grises con sordos marrones, mezclados con el fondo negro. Tiendas pequeñas de comida con rejas en las puertas flanqueadas por niños con rifles vestidos de guardia de seguridad. Seguridad en su escudo y miedo en sus ojos, hambre en su cuerpo. Críos descalzos por las calles atestadas  de destartalados vehículos que piden a gritos su jubilación. Críos que arriesgan su vida en cada segundo de su existencia. Calles sin normas sólo la Ley de la calle. 
        Doblo la esquina y veo la orgía de comida de todas las partes del mundo. Todos miran y descartan guisos y elaboraciones con gesto de indiferencia que otros se comerían sin dudar y sin permitirse el lujo de obviarla. Cientos de finos olores, y aromas conjuntados en una sinfonía que toca sin necesidad de ser dirigida por director alguno. Trajes adornados para la ocasión y vestidos con gracia y desparpajo. 
        Doblo la esquina, harapos sucios y remendados una y otra vez. Supervivencia en la más descarnada de sus versiones. Pobreza en la más cruel realidad de un mundo sin caretas. 
         Dos mundos separados por una  esquina cercana que hace todavía más difícil entender esta paradoja. Dos universos lejanos, pero pegados el uno al otro ineludiblemente. Desde la tierra autóctona y real del mundo diario y terrenal, sólo tienes que pararte dos segundos, levantar la cabeza y si miras verás con rabia......el paraíso en la otra esquina.

2 comentarios:

  1. Así es la cruda realidad, mezcla de pobreza y riqueza, de sonrisas y lágrimas, de comida y hambre, verlo en directo te toca el corazón!!

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  2. Para que aprendamos a valorar lo que tenemos!!! demasiado para lo poco que necesitamos. Saludos

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